Plano Secuencia

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autofotorretrato

jueves, 13 de enero de 2011

99 EJERCICIOS DE ESTILO

Raimond Queneau, publicó "Los ejercicios de estilo" en el que relataba el índice de 99 maneras distintas.

Más tarde, Matt Madden llevó más allá la idea de Queneau en su libro "99 ejercicios de estilo". A través del cómic se encargó de dibujar 99 historias diferentes a partir de una historia base.

A raíz de esto Paco nos propuso hacer un ejercicio similar con esta historia:

Una oscura silueta atravesó el parque. Llevaba consigo un libro de aspecto viejo. Lo depositó en un banco. La fuerza del viento hizo que se abriera y pasaran las páginas. En el momento en el que se cerró, una de ellas quedó doblada.
Por la mañana, una joven recogió el libro. Se llamaba Carolina e iba de camino hacia el colegio. Cuando el profesor impartía clases, el libro cayó al suelo y llamó la atención de él. Lo abrió y, para su sorpresa, las hojas estaban en blanco. Resultó que la última se encontraba doblada con palabras sueltas sin sentido aparente. Los alumnos se preguntaban por qué estaba vacío y cuál era el sentido de su existencia. Carolina propuso que, al no haber escritura alguna, se inventaba una historia a través de las frases de cada uno de ellos.
Al acabar las clases, y esta vez con el libro a medio escribir, Carolina vio un árbol que le resultó llamativo. Decidió situarlo a su lado.
Poco a poco, muchas manos humildes continuarían las frases que habían encontrado en el libro, convirtiéndolas en una historia, la historia del pequeño libro perdido.

Estilo 1

Una fea silueta atravesó el jardín. Llevaba consigo un blog de notas de negras tapas. Lo depositó en un banco. La fuerza del viento hizo que se abriera y pasaran las páginas, pero no le pasó nada.
Por la mañana, una joven recogió el libro. Se llamaba Antonia e iba de camino hacia el instituto. Cuando el profesor impartía clases, el libro cayó al suelo y llamó la atención de la clase, pero nod el profesor porque estaba un poco sordo. Un chico lo abrió y, para su sorpresa, las hojas estaban en blanco. Antonia propuso que se inventaba una historia a través de las frases de cada uno de ellos, mientras los alumnos se lo iban pasando para aportar algo cada uno, el profesor lo cogió por sorpresa y castigó a todos por no estar prestando atención a su clase, quedandose el libro a medio escribir.
Cuéndo Antonia salió del castigo, era muy tarde y estaba muy cansada, y para aligerar peso decidio abandonar al libro a su suerte debajo de un árbol.
Poco a poco, muchas mentes aportarían sus ideas a la historia del libro perdido debajo de un árbol.

Estilo 2

Un oscuro y sucio travesti atravesó el parque. Llevaba consigo un cuaderno de Hello Kitty. Lo dejó en un sucio banco. La fuerza de un misil AK42, que estaba de paso pro ahí, hizo que se abriera y pasaran las páginas. En el momento en el que se cerró, una de ellas quedó doblada. De madrugada, una joven recogió el cuaderno, ya que les hacen levantarse prontísimo para dar cuatro tonterías en el colegio. Se llamaba Susana, y era la empollona de clase, e iba de camino hacia el colegio. Cuando el profesor estaba dormido debido al madrugón, el cuaderno empezó a gritar y llamó la atención de él. Lo abrió y, se encontró con que todas las páginas estaban tachadas. Resultó que la última se encontraba doblada con palabras sueltas sin sentido aparente. Los alumnos se preguntaron el porque... y Susana propuso que borraran todo el cuaderno y lo reescribiesen entre todos.
Al al sona el timbre, sólo habían escrito una hoja del libro. Susana al salir vio una señal de tráfico que le resultó llamativa. Decidió situarlo a su lado.
Poco a poco, mucha gente loca continuarían rellenando las páginas del cuaderno, convirtiéndolas en una historia, la historia del gran cuaderno gritón.

Estilo 3

Enrique VIII atravesó el parque. Llevaba consigo un libro de aspecto viejo, la Biblia. De lo coñazo que le resultaba, depositó en un banco. Por casualidad un rastafari pasó al lado y al verla no pudo evitar arrancar una hoja para su verde.
Por la mañana, una pokera de 23 años la recogió porque le llamó la atención sus portada de oro. Se llamaba la Yoli e iba de camino hacia el colegio. Mientras el profesor enseñaba a sumar, Yoli arrancaba todo lo que parecía oro del libro y lo tiró llamando la atención del profesor. Lo abrió y, para su sorpresa, faltaban todas las letras del título, cosa que no le extrañó, y la hoja arrancada. Al ver esto el profesor castigo a todos los alumnos a reescribir la biblia entera, ya que le parecía una herejía dejar una Biblia en ese estado, desde los alumnos mas pequeños, de 10 años, a la mayor de 23.
A las cinco horas Yoli no podía más, y decidió coger el libro y escaparse igual que lo había hecho de su correccional. A la salida dejó la Biblia al lado del contenedor más cercano.
Poco a poco diferentes pokeros serían castigados pos sus profesores de primaria a restaurar el Libro Sagrado.

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